Diversos son los elementos en los que confluyen y divergen los planteamientos expresados tanto por Manuel Castells como por Michel Foucault en sus respectivos trabajos. En primera instancia, Foucault propone una manera distinta de acercarse al estudio de los hechos históricos en la que rompe con la secuencialidad y el orden que la modernidad ha planteado y asumido como legítimos en la explicación de la historia, para ubicarse en la búsqueda y visibilización de lo extraño, de las rarezas, de los fenómenos curiosos, de los pliegues, las fisuras, en fin, de lo discontinuo. Para ello, Foucault plantea que es necesario comprender los acontecimientos históricos como aquellos vestigios que rompen con el modo de ser de una época y que son el efecto de la conjunción de múltiples fuerzas. En esta perspectiva, el abordaje de Castells, en el que intenta mostrar cómo la comunicación hoy se ha configurado e instituido como el lugar de la política, del poder, de las decisiones, de las resistencias, de las subjetividades, de la vida social en general, como consecuencia de la introducción de las tecnologías de la comunicación, se ubica en un lugar distinto a la propuesta foucaultiana, ya que le atribuye a esta condición (la comunicación socializada) el origen de la condición social a la que asistimos y a quienes "están tras de ello" como los responsables de la massmediatización política, de la crisis de la legitimidad, de la incorporación de nuevas subjetividades y reglas de juego, entre otros, y no precisamente a la confluencia de múltiples líneas de fuerza de diversos órdenes (discursivos y no discursivos) que posibilitaron la emergencia de la comunicación hoy como uno de los lugares en los que se construye la cultura, se visibiliza el poder y se configuran los sujetos. De la misma manera, en las dos perspectivas, existe la preocupación por abordar la problemática del poder, sin embargo, mientras que para Castells el poder se localiza en la comunicación, se relaciona con la política, considerando con ello, que ha dejado de ser emanado por el Estado, principal centro de poder que está siendo hoy desafiado en todo el mundo por fenómenos como la globalización, las presiones del mercado y la crisis de la legitimidad política que debilita su influencia sobre sus ciudadanos; que además, lo define como "la capacidad estructural del actor social para imponer su voluntad sobre otro(s) actor(es) social(es)" y que "todos los sistemas institucionales reflejan relaciones de poder, además de los límites a estas relaciones de poder tal y como han sido negociadas por parte de un proceso histórico de dominación y contra dominación, ubicando su mirada sobre el poder en la concepción de la dominación, es decir, como relaciones de dominación (disimétricas) en las que la libertad de los participantes se ve muy limitada o prácticamente anulada, cuyo efecto, es un proceso de "formación de un contrapoder...[de la] capacidad de un actor social de resistirse y desafiar a las relaciones de poder institucionalizadas", por su parte, y contrario a esto, Foucault considera que el poder no es un asunto que esté relacionado con los grandes aparatos o sistemas, que no tiene la intención de proponer una mirada totalizadora o generalizante, como si éste (el poder) estuviera centralizado o localizado en algún lugar, pues él circula por muchos lugares y se manifiesta por lo general, en el cuerpo; se ve donde actúa, ya que lo que se visibiliza es la estrategia es el poder, en consecuencia, el poder no se posee, no hay que ir tras su dominio, pues éste se ejerce, se produce, no se le apropia, no hay una estrategia para tenerlo, ya que es en el encuentro de fuerzas en donde se da el poder. En este sentido, cada manera como se activa el poder es distinta, todos son originales, no hay fuente de donde emane. Del mismo modo, no ocupa un lugar, no tiene atributos sino que actúa. Cuando una fuerza actúa sobre otra se da una resistencia, el encuentro de dos sujetos, o dos instituciones, discursos, saberes produce poder. El poder es el resultado de un encuentro de fuerzas en conflicto cuyo efecto de poder puede ser un sujeto, una institución, un discurso. En resumen mientras que para Castells el poder es sinónimo de dominación, que va relacionado con un contrapoder o resistencia, y el poder se ve en negativo, para Foucault, el poder constituye sujetos, crea sistemas, instituciones, discursos, se asume en positivo y más bien, es una relación de poder, es decir, relaciones existentes entre los hombres (amorosas, económicas, pedagógicas, institucionales, etc.) en las que unos tratan de orientar, conducir, moldear e influir en la conducta de los otros; son relaciones móviles, inestables, no prefijadas y modificables y son posibles en la medida en que participan de ellas sujetos libres , sujetos que no están a merced unos de otros y que pueden utilizar diversas estrategias (resistencia, huida). De otra parte, Castells muestra cómo "a lo largo de la historia, la comunicación y la información han constituido fuentes fundamentales de poder y contrapoder, de dominación y de cambio social", y en este enunciado hay una idea de la historia como una secuencia de hechos, con un origen y un destino, en la que los acontecimientos aparecen como naturalizados, es decir, como sucesos que siempre hubiesen existido o hubiesen sido de ese modo, desconociendo que esta nueva condición histórica, en la perspectiva de Foucault, es sólo un quiebre, un pliegue de la discontinuidad que la configura; así, el pensamiento foucaultiano desnaturaliza los hechos y se aleja de la búsqueda de la causalidad del presente al que se está asistiendo. Es decir, Castells muestra como esta nueva condición histórica en la que la política, el poder y la comunicación se conjugan se debe a la irrupción de los medios masivos y a las incursiones de las tecnologías de la comunicación, cuando sabemos que este acontecimiento es producto de múltiples y distintas líneas de fuerza que se introducen en un momento y espacio determinados.