Tal como está constituida hoy la sociedad, es decir, como una gran red interconectada por la que circulan continuamente imágenes e información de múltiples lugares del planeta, digitalizada, de economía de señales, de expansión económica e influenciada de manera marcada por los medios de comunicación, se ha instituido la idea de que el poder se encuentra localizado en la esfera de la comunicación, consolidándose así, como un sector estratégico de la cultura, la política, la economía, pero ante todo como un nuevo lugar de socialización y constitución de subjetividades. Al respecto, Reig, fundamentado en Castells, y Romano señalan que la industria de la comunicación se ha traducido en un instrumento de subordinación y sometimiento de las conciencias humanas, lo cual ha generado fuertes disputas de las empresas y consorcios por el control de los medios. Pero además Reig y Romano, describen como el poder, entendido como un acto de dominación, de control social, de apropiación de biotiempos, se relaciona fuertemente con los mass media, a tal punto, que son éstos quienes homogeneízan conciencias, determinan comportamientos, emociones, representaciones, sentimientos, venden estilos de vida, amoldan conductas, instituyen modelos, estereotipos, ofrecen experiencias cognitivas, normalizan valores, orientan actitudes, a través de los slogans publicitarios e imágenes lingüísticas que se transmiten por la radio, la televisión, la prensa o la Internet; en fin, los medios tienen efectos de verdad, poder y credibilidad para las personas, ya que determinan lo que es verdadero y lo que no, en lo que se debe creer, legitiman o deslegitiman, validan o desaprueban cualquier fenómeno de la vida social. Han irrumpido tanto, qué difícilmente se puede percibir la diferencia entre el mundo privado y la esfera de lo público. De esta manera, señalan los autores se controla a la sociedad, su tiempo, su libertad. Pero también, han permitido develar lo oculto, visibilizar las culturas olvidadas, pluralizar la realidad, configurar una sensación de libertad, en la que las personas consideran que toman sus decisiones por voluntad propia sin percibir que éstas de algún modo son inducidas y constituir de modos distintos a las subjetividades, como por ejemplo, aquellas que carecen de los medios de intercambio informático, que según Romano, se instituyen alejados del mundo digital, y a aquellas que continuamente se conectan con el mundo a través de múltiples dispositivos, que socializan con los otros de manera virtual, que son bombardeados constantemente con información, etc.
De este modo señalan los autores, la comunicación se ha transfigurado en una práctica de manipulación espiritual, en un mecanismo de poder, de control, de dominio ideológico y de uniformidad de conciencias, y es precisamente, lograr develar las condiciones de emergencia de este nuevo orden social, lo que permitirá ser el punto de partida para formular posibles acciones de resistencia.
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