REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA:
Vivas Piñeros, Sonia Liliana. (2007). La experiencia de la Violencia en Colombia: Apuntes para pensar la Formación Ciudadana. EN: Revista Universitas Humanística. Pontificia Universidad Javeriana. No. 63. Ene-Jun. Bogotá.
RESUMEN:
En este documento la autora aborda el concepto de experiencia de la violencia en Colombia como un asunto importante para pensar la formación política y ciudadana. Para lograr este objetivo el trabajo se enfoca a sospechar de la continuidad y omnipresencia con la que se ha querido mostrar el fenómeno de la violencia en el país. En esta perspectiva, la autora propone leer este acontecimiento desde un sentido histórico que permita a los colombianos configurar la experiencia de la violencia. La autora realiza además una aproximación a las implicaciones de la formación ciudadana desde las pedagogías críticas, con el fin de hallar puntos de encuentro donde se posibilite comprender la experiencia de la violencia en Colombia a partir del reconocimiento del papel como sujetos históricos, entendidos desde el compromiso entorno a la posibilidad de transformación como ejercicio del pensamiento crítico.
TESIS PRINCIPALES DEL TEXTO:
El fenómeno de la violencia en Colombia ha sido analizado por múltiples enfoques definidos en tres grupos, el narrativo experiencial, el partidista y el científico social. (p. 271-272).
- Los estudios historiográficos se han encargado de abordar la violencia como una responsabilidad unilateral del Estado y una crítica a las estructuras de participación democrática. (p. 272)
- En la construcción de subjetividades colombianas surge una gran diferencia entre la subjetividad encarnada en la memoria (experiencia) y aquellas que conducen a la pacificación en una perspectiva del devenir social. (p. 273).
- La manera como se comprende el fenómeno de la violencia se convierte en un referente para la formación de un tipo de sujeto particular. En esta perspectiva, si se comprende que lo que está ocurriendo hoy, en relación con la violencia, es lo mismo que hace cuarenta años, no habría construcción de una ciudadanía democrática, pues se considera que existe un origen al problema que la violencia en el tiempo ha sido reiterativa. (p. 274).
- Esta particular manera de concebir la violencia en Colombia es decir como una secuencialidad historia cuyo origen se rastrea en el pasado ha servido de referente para constituir ciudadanos que prefieren desconocer ciertos aspectos de nuestra historia para conformar una sociedad pacifica. (p. 274).
- Del mismo modo, esta forma lineal de reconocer la historia de la violencia, ha establecido una cultura del consenso, que lleva implícita la idea de que todo es negociable. (p. 275).
- El ciudadano, como miembro de la sociedad civil, es una pieza clave en la construcción democrática, debe apoyar el rechazo a la violencia, convocar a la convivencia y contribuir a ella desde la pacificación. (p. 276)
- Las redes sociales han contribuido por medio de espacios no institucionalizados han creado otras formas de participación, representatividad e identificación entre colectivos, es decir, nuevas formas de asumir la ciudadanía. (p. 276).
- Es necesario comenzar por reconocer que el conflicto y la hostilidad son fenómenos constitutivos del vínculo social y que la noción de sociedad armónica es una contradicción en los términos. (p. 276).
- El protagonismo de la sociedad civil evidencia la reformulación de la tesis que la violencia se reduce a un problema de debilidad del estado. (p. 277).
- El reconocimiento de la experiencia histórica de la violencia en Colombia inicia con la construcción de una ciudadanía democrática. (p. 277).
- La condición previa para formar ciudadanos es formar sujetos históricos (p. 279).
- La educación se entiende como una práctica social emancipadora, el docente es un intelectual transformador y el estudiante un sujeto con capacidad de transformación (p. 279).
- Las pedagogías críticas promueven formas en las cuales lo pedagógico se vuelve más político y lo político más pedagógico (Giroux, 1998, 231). (p. 279).
- La ciudadanía dinamiza procesos críticos en los cuales exista la posibilidad de diálogo entre las dimensiones personales y sociales, cuyo fin es participar en la conformación de lo público como opción transformadora (p. 280).
- La tarea que nos ocupa como intelectuales transformadores consiste en reflexionar en torno a los modos en que podemos pensar la formación ciudadana para los estudiantes en las actuales condiciones sociales. (p. 280).
- La formación ciudadana requiere de escenarios que trasciendan la creación de cátedras o espacios separados para trabajar la formación cívica. (p. 280).
- El escenario escolar necesita concebirse como una esfera pública democrática. (p. 283).
VOCABULARIO CLAVE:
Cultura democrática, formación ciudadana, violencia, educación, escuela, conflicto
VALORACIÓN CRÍTICA DEL TEXTO:
En este documento se describen los tres enfoques que han abordado el fenómeno de la violencia en Colombia, el narrativo experiencial, el partidista y el científico social. Alguno de ellos se ha encargado de abordar la violencia como una responsabilidad unilateral del Estado y una crítica a las estructuras de participación democrática. Y es que precisamente, cada uno de estos enfoques constituye sujetos distintos, es así como por ejemplo, en la construcción de subjetividades colombianas surge una gran diferencia entre la subjetividad encarnada en la memoria (experiencia) y aquellas que conducen a la pacificación en una perspectiva del devenir social. En esta medida, la autora nos invita a reflexionar cómo la manera en que se comprende el fenómeno de la violencia se convierte en un referente para la formación de un tipo de sujeto particular. Por ello, si se comprende que lo que está ocurriendo hoy, en relación con la violencia, es lo mismo que hace cuarenta años, no habría construcción de una ciudadanía democrática, pues se considera que existe un origen al problema que la violencia en el tiempo ha sido reiterativa. Esta particular manera de concebir la violencia en Colombia es decir como una secuencialidad historia cuyo origen se rastrea en el pasado ha servido de referente para constituir ciudadanos que prefieren desconocer ciertos aspectos de nuestra historia para conformar una sociedad pacifica. Del mismo modo, esta forma lineal de reconocer la historia de la violencia, ha establecido una cultura del consenso, que lleva implícita la idea de que todo es negociable. En otra óptica, se reconoce que el ciudadano, como miembro de la sociedad civil, es una pieza clave en la construcción democrática, debe apoyar el rechazo a la violencia, convocar a la convivencia y contribuir a ella desde la pacificación. Por ello, es necesario comenzar por reconocer que el conflicto y la hostilidad son fenómenos constitutivos del vínculo social y que la noción de sociedad armónica es una contradicción en los términos. Así se comprende, que el protagonismo de la sociedad civil evidencia la reformulación de la tesis que la violencia se reduce a un problema de debilidad del Estado. Esto va a desembocar la atención sobre la educación ya que se empieza a entender como una práctica social emancipadora, el docente es un intelectual transformador y el estudiante un sujeto con capacidad de transformación.
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